Ahora era pequeña y estaba de pie junto a sus compañeras de curso. Podía reconocer a quienes estaban a su lado pero por mas que se esforzaba, no podía girar la cabeza para visualizar con claridad a quienes se le perdían y eran solo sombras difusas hacia los costados. Y al igual que en la situación anterior, aquí también nadie se movía.
Todo pasó muy rápido cuando se percibió en un hermoso paisaje de ríos y de bosques. Podía ver las piedras dispersas en la playa, los árboles, lejos las enormes montañas… pero todo permanecía estático, como si el tiempo y todo su continuo movimiento se hubiera detenido atrapando todo en apenas un instante.
Pero nuevamente estaba en el camino y nuevamente en el paisaje hasta que todo se oscureció.
- Son hermosas tus fotos – dijo Rosario mientras cerraba el álbum .- me encantó esa en donde estas sentada en el camino…el encuadre es perfecto ya que tras tuyo el camino se pierde en el horizonte… y apenas un árbol en ese paisaje desértico.
Si – le respondió ella mientras guardaba el álbum en un cajón del escritorio – los lugareños no quisieron salir en la fotografía ya que según ellos las fotografías atrapan el alma.
Que cosas ¿verdad? – exclamó Rosario – que creencias tiene alguna gente.