Cuando la esperanza se desvanece (314 Lecturas)
El cursor negro parpadea firmemente sobre el fondo blanco de mi pantalla, las teclas aparecen nubladas en mi vista, no permitiéndome aclarar lo que desearía decir. Miro el reloj de la pantalla, ¿demasiado tarde tal vez para escribir?, o ¿demasiado pronto para dejarlo?.
Los relojes marcan las horas indiferentes a la realidad que les rodea, nunca se detienen ni esperan a nadie. Es curioso como pasan desapercibidos en los momentos buenos, y sin embargo, en los momento malos se esclarecen presentes. Ralentizan el tiempo, como si no te dejaran seguir, como si quisieran mantenerte siempre en el recuerdo. Pero como dije antes, ellos simplemente marcan las horas indiferentes a la realidad que les rodea, somos nosotros los que les atribuimos ese poder, y por tanto se lo podemos quitar.
Los relojes marcan momentos. En estos momentos el mundo se hace muy pequeño, el horizonte se vislumbra borroso y oscuro, la mente no para un momento en quietud. Infinidad de pensamientos revolotean y atormentan tu cabeza durante todo el día, durante toda la noche, persiguen todas tus acciones, todos tus actos cotidianos, intentas dejarlos muy atrás, pero siempre vuelven hasta situarse detrás de ti, encima, dentro de ti…
Pienso que cuando estas en esta situación, crees que no hay ninguna salida, que la vida ya no puede volver a recuperarse. No imaginas una vida sin la presencia de la otra persona. Tienes la convicción de que no vas a poder afrontar los problemas que se te van a presentar en la vida tu solo. Créeme cuando te digo que he pasado por ello, créeme cuando te digo que me he sentido así. Créeme cuando te digo que pierdes la esperanza.Créeme cuando te digo que pierdes la ilusión. Créeme cuando te digo que las pequeñas cosas que antes te hacían feliz ya carecen de cualquier importancia.
Pero a pesar de todo esto, sin embargo, al igual que en las mas duras y crueles tormentas, siempre, sin nada ni nadie que pueda cambiarlo, un haz de luz surge en lo más oscuro del negro horizonte, como un haz de esperanza que activa tu cuerpo hasta el punto mas recóndito que puedas imaginar.
Ese haz de esperanza no es un final ni una solución, es un comienzo, un comienzo de algo más bonito y más dulce que nada de lo que antes hayas vivido puede igualar. Porque empieza una nueva vida. Una nueva vida que trae consigo nuevos retos, nuevas ilusiones, nuevas esperanzas, y solo de ti depende que salgas adelante, con la misma fuerza e ilusión que un niño empieza una tarea nueva, con la misma fuerza e ilusión que un voluntario abarca su tarea para ayudar a los demás.
Te darás cuenta de que no estas solo, que en este nuevo viaje, en el camino encontraras muchas personas, todas las que te quieren, te aprecian, te ayudaran a que llegues a buen puerto, tu eres el capitán de este barco, tuya tiene que ser la fuerza para llevarlo a tierra, pero tienes la ayuda de todas las personas que están a tu lado, que te quieren que te aprecian o que se preocupan por ti, tienes una tripulación a tu cargo, que estará contigo hasta el final, que confía en ti y que no discutirá ninguna de tus ordenes, porque buscan el mismo fin que tu. Tu felicidad.
Poco a poco veras que las cosas están cambiando, que las tareas se vuelven fáciles, que eres capaz de acometer las cosas que te propones, que cuanto mas tiempo pasa, mas tiempo ganas, mas tiempo vives, mas tiempo disfrutas. Y cuando todo esto ocurra, ten por seguro, que solo los buenos momentos estarán en tu memoria, que todos los malos recuerdos se habrán borrado de tu mente, que no habrá vestigio alguno que te haga rememorar esas cosas malas que te están sucediendo. Todo quedara atrás, borrado igual que las olas borran las palabras de la arena, igual que el agua pule las grietas de una roca y la deja lisa, tienes que controlar todo esto, sobreponerte, triunfar, porque puedes hacerlo.
Pienso; releo lo escrito, mas ideas bombardean mi mente, pero no creo que deba seguir escribiendo. Tal vez más adelante, tal vez en otra ocasión…
Mis dedos paran el ímpetu de mi mente, frenan las últimas líneas de este escrito, pero no disuaden mis ganas…
Foto | lepiaf.geo
Mientras escribía, disfrutaba de:



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