Este es el blog personal de Roberto Ross (Rab Ross), puedes seguirme en Twitter@rabross o leer mis sueños. A veces pienso más rapido que hablo:

No piense mal de mí­, señorita. Mi interés por usted es puramente sexual.

Los Angeles Guardianes (1.637 Lecturas)

Habí­a sido un pequeño error de cálculo, tan solo unos cuantos milí­metros, pero suficiente como para explicar la quemadura lineal que mostraba en el rostro cuando entró a la sala.

Todos le siguieron con la mirada hasta llegar a su puesto. Al menos era solo una pequeña quemadura, pensaron al verlo.

Solo dos semanas atrás habí­an perdido a uno de los mejores guardianes en uno de esos errores de cálculo.

angel dark

- Debes darme la ubicación exacta del lugar para hacer el reporte y establecer otra ruta mas segura- le murmuró al oí­do el instructor cuando se acercó a su puesto. Luego, tratando de desviar un poco el tema, continuó con la clase de ese dí­a.

Cada vez era mas difí­cil para los ángeles movilizarse por el mundo. A diario se establecí­an rutas que parecí­an seguras para cumplir las labores que les eran encomendadas pero en el último tiempo las bajas eran considerables.

Al principio, las primeras ondas de radio que los humanos emitieron solo provocaban pequeñas molestias que casi no fueron consideradas. Sin embargo, en la medida que mejoraban sus sistemas de comunicación, sobrevolar el mundo se hacia cada vez mas y mas difí­cil.

A las ondas de radio siguieron las de la televisión, luego las de los teléfonos pero la WiFi en definitiva habí­a convertido el espacio en un sin fin de mortí­feros haces invisibles.

Solo pequeños senderos quedaban entre haces y haces y solo por esos senderos podí­an sobrevolar los ángeles guardianes para llegar hasta las personas. Ser alcanzado por una de esas ondas significaba a lo menos una quemadura pero la mas de las veces, era morir, desintegrarse y volver a las partí­culas originarias del universo.

Esa noche la pequeña Andrea hizo sus oraciones como de costumbre y como de costumbre le pidió a su ángel de la guarda que velara por su familia. Luego, antes de acostarse, encendió su computador y verificó que la señal de internet llegara en forma adecuada para no perder ningún correo que sus amigas a través del mundo le pudieran enviar mientras dormí­a.

Lejos, muy lejos de ahí­, un ser alado buscaba el espacio adecuado para llegar hasta ella.

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